El barrio como espacio pedagógico: Una escuelita itinerante (Brasil)


Rosa María Torres

Dedicado a quienes creen que la buena educación se juega en la infraestructura y el cemento

Una experiencia en Vitoria, Brasil

“Atención a niños de 0 a 4 años
haciendo de cada niño un ciudadano
de cada comunidad un espacio escolar
y de cada participante un educador”.

 Fotos: CPCD/Sementinha

Sementinha” es un proyecto educativo para niños de 4 a 6 años que funciona en barrios pobres de tres ciudades brasileñas: Victoria, en Espíritu Santo, y San Francisco y Sabará, en Minas Gerais. El proyecto es desarrollado por un organismo no-gubernamental, el Centro Popular de Cultura e Desenvolvimento (CPCD), con sede en Belo Horizonte, Minas Gerais.

Se inició en 1984 con apoyo de las fundaciones Bernard Van Leer y Kellogg. Trabaja con lo que en Brasil suelen llamar “poblaciones carentes”, es decir, poblaciones pobres.

En Victoria, el trabajo se hace en el barrio Resistencia, el basural de la ciudad. Los niños encuentran en el proyecto un espacio de socialización y juego, aprenden nociones de alfabetización, salud, higiene y ecología, y aprenden a fabricar sus propios juguetes, con materiales de desecho.

Elementos metodológicos del proyecto que destacan son: la rueda
, la cual se hace al inicio y fin de las actividades del día; la pauta, que es el plan de trabajo diario y semanal, y la evaluación y la memoria del trabajo, llevadas por los coordinadores, nombre con el cual se conoce a las personas que conducen el proyecto.

El aspecto más novedoso está en que se trata de una “escuelita itinerante”, sin espacio ni local fijo, sin aulas. Niños y coordinadores hacen del barrio el espacio de aprendizaje y de cualquier lugar un espacio para encontrarse y aprender. “Sementinha” se da a conocer, por ello, como “a escola debaixo do pé de manga”, es decir, “la escuela debajo del árbol de mango”.

Intervienen y son considerados educadores no únicamente los coordinadores
sino los padres y madres, los hermanos mayores, familiares y vecinos, es decir, todos quienes tienen que ver con la educación de los niños. Lo que se aprende en "la escuelita”, como la llaman, son fundamentalmente los saberes y haceres -la cultura- de la propia comunidad.

Niños y educadores se reúnen a jugar, cantar, dibujar, fabricar juguetes, leer, contar historias, en los espacios disponibles en cada barrio: debajo de un árbol, en una esquina, en la iglesia, en el mercado, en la calle, en la casa de un vecino, en las propias casas de los niños. Diariamente, en la rueda, antes de empezar la jornada, alumnos y coordinadores deciden qué van a hacer y aprender ese día, y cuál va a ser el itinerario. Aquí, en este círculo, agarrados de las manos, entre todos, se toman las decisiones, se ventilan los problemas y se hacen las propuestas.

A las 7 u 8 de la mañana, cada grupo de niños (por lo general no más de 15) y su coordinador(a) se encuentran en un lugar acordado de antemano, la iglesia, por ejemplo, y desde ahí inician el recorrido.

Una de las paradas es la casa de uno de los niños; los padres de familia rotan como anfitriones del grupo. Cada madre anfitriona tiene el compromiso de preparar un té de hierbas medicinales. Los niños se sientan en el suelo, en círculo, y se encargan de servir el té.

La “ceremonia del té” se aprovecha, así, no solo como espacio de socialización y dinamización familiar y comunitaria, sino para reforzar entre los niños y sus familias los saberes y prácticas en torno a las plantas medicinales de la región. Las madres, cuando pueden, preparan arroz cocido y papaya verde para agasajar a los invitados.

Niños y niñas van por la calle cantando, brincando, mezclándose con la vida cotidiana de la gente - “la escuelita pasó por aquí dos veces hoy”, escucho decir al peluquero - y haciendo de cada lugar un espacio y un pretexto para aprender. En las paradas para tomar el té, es decir, en las casas de los niños, se aprovecha lo que hay a la vista -muebles, adornos, fotos, álbumes- como tema generador. Al final de la mañana, en la rueda, se evalúa la jornada del día. Luego los niños emprenden el camino de vuelta a su casa.

Las opiniones de madres y padres de familia sobre el proyecto son muy positivas. Obviamente, preguntados al respecto, contar algún día con un local sigue siendo una aspiración de muchos. La asociación educación = edificio e incluso aprendizaje = edificio es muy fuerte no únicamente entre los pobres sino en toda la sociedad, y es muy difícil de romper.

Los políticos han hecho siempre de la "obra física" un bastión de sus promesas electorales y un anzuelo del voto, reforzando así la ideología del cemento en la educación y en todos los campos.

Este proyecto desafía esta ideología. Ha logrado mostrar que sin local, al aire libre, puede hacerse educación de la buena. Ha mostrado que es posible dar vuelta a la "carencia" y convertirla en recurso pedagógico, cultural y social de gran riqueza y potencial, en torno al cual articular todo el proyecto educativo.

En 1997, la Universidad Federal de Río Grande do Sul empezó a implantar un programa similar, inspirado en éste, en la periferia de Porto Alegre. En 1998, “Sementinha” fue calificado como “proyecto ejemplar” por la Secretaría de Educación de Minas Gerais y como “ejemplo de modelo educacional para los países del Tercer Mundo” por la Organización Mundial de Educación Preescolar (OMEP).(Lástima que la OMEP considere que el modelo es tal solo para países del "Tercer Mundo"). Tião Rocha, creador y director del CPCD, ganó el Premio Emprendedor Social 2007 en Brasil.  

3 comentarios:

Luis Martinez Llop dijo...

Me parece una idea muy buena la que se esta realizando en estos barrios porque no por el hecho de no estar favorecidos por la economía o la ubicación geográfica no deban recibir educación.Una vez ahí esta la muestra de que si una sociedad quiere y lucha y todos sus individuos se involucran para lograr un objetivo común que es la educación de los niños para que puedan tener un futuro mejor en este caso en los barrios de Brasil se puede conseguir.La educación recae sobre la sociedad y tanto padres madres vecinos deben colaborar en la educación porque en ella esta la vida y el futuro.
Atentamente
Luis Martinez Llop alumno de primero de magisterio grupo B AL QUE LE GUSTARÍA ALGÚN DÍA PODER AYUDAR EN BARRIOS COMO ESTOS Y QUE SUEÑA CON UNA EDUCACIÓN PARA TODAS LAS PERSONAS DEL MUNDO

Rosa María Torres del Castillo dijo...

Hola Luis, gracias por tu comentario en mi blog. Lo que describo aquí es una escuelita que conocí y visité en Brasil, que muestra que aún sin edificio puede hacerse educación. Educación y aprendizaje itinerante, adoptando el barrio como espacio para aprender. Creo en efecto que hay mucho para reflexionar en torno a experiencias como ésta, y para cambiar nuestra manera de pensar la educación y los aprendizajes, en la familia, en la comunidad.

Unknown dijo...

Soy una joven estudiante de primer año de carrera de magisterio y leer este artículo me ha aportado mucho como persona y para mi futura docencia. He elegido este artículo para hacer un trabajo para una asignatura. Me gustaría saber el año en el que se publicó este artículo y cómo se llama el diario en el que se publicó. Muchas gracias por escribir esta maravilla.

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